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Silvina Agugliaro: dos generaciones dedicadas a la bioquímica y una vida al servicio de Brandsen

Silvina Agugliaro: dos generaciones dedicadas a la bioquímica y una vida al servicio de Brandsen 1

Detrás de la Noticia charló con la profesional brandseña sobre la actualidad y el crecimiento de esta rama de la ciencia

La bioquímica es una de las ramas de la ciencia que mayor implicancia tiene en la vida de cada ser humano, que lo acompaña en cada momento importante a lo largo del día.

Muchos suelen pensar que solamente se encarga de analizar los fluidos de las personas. Pero no, va más allá porque trabaja sobre diferentes procesos que son la base fundamental de industrias como la farmacia (en el diseño de medicamentos y vacunas), la biotecnología y la agricultura (con el desarrollo de fertilizantes y cultivos mejorados), por ejemplo.

El 15 de junio se celebró en Argentina el Día del Bioquímico y Detrás de la Noticia se acercó al laboratorio de análisis clínicos de Silvina Agugliaro para charlar con ella sobre su trabajo, el más visible de todos los de la materia.

Dueña de una simpatía y timidez a la vez, y recibida en la Universidad Nacional de La Plata en 1994, creció rodeada de microscopios, pipetas y tubos de ensayo, ya que su madre, Norma Cremaschi, otra apasionada como ella, era bioquímica.

“Cuando abrió el laboratorio, en enero de 1971, yo tenía 2 años. Vivía adentro de él porque mi casa (como hoy) está pegada”, contó Silvina al ser consultada sobre sus primeras relaciones con esta parte de la ciencia.

Ella nació en La Plata y residió en Manuel B. Gonnet hasta que sus padres se radicaron en Brandsen. Era una época en la que muchos profesionales —que dejaron una profunda huella aquí— eligieron esta localidad para desarrollar sus carreras.

No fue una elección caprichosa porque conocían la vida y el día a día locales. Su abuelo materno era un asiduo visitante y tenía muchos amigos acá, ya que comercializaba alhajas. “Me pasó mucho atender a personas mayores que me contaban que él les había vendido las alianzas de casamiento”, resaltó Silvina.

A pesar de “escaparse” continuamente al laboratorio y de gustarle la parte biológica, cuando era niña y adolescente no tenía decidido seguir la carrera de Bioquímica porque la Medicina había metido su cola en el medio. Sin embargo, finalmente eligió seguir los pasos de su madre: “La verdad, me encantó esta profesión”.

Tras pasar por la Facultad, realizó la residencia durante tres años en el Policlínico San Martín de La Plata y estuvo uno más como jefa del área, elegida por el resto de sus colegas salientes.

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Durante esta etapa, Norma comenzó a dejar el legado sobre su hija y le dio un lugar en el laboratorio para poder insertarse en el día a día. “Llegaba del hospital y, por ejemplo, me había dejado los cultivos para trabajar sobre ellos”. A partir de allí formaron un tándem por casi 20 años, hasta que ella se jubiló en 2010 y decidió dedicarse a su otra pasión: viajar.

“Nos llevábamos rebien, tirábamos para el mismo lado, pero a veces teníamos los choques de madre e hija”, declaró entre risas al recordar esos tiempos y el carácter de ella.

Además, su padre, Víctor, era el administrativo del laboratorio y llevaba a cabo otras labores allí, por lo que este lugar, a veces, se transformaba en una “sucursal” de la casa familiar.

Era una época marcada por el uso de los microscopios, de arduos análisis y la escritura de los resultados uno por uno a máquina.

Silvina, quien hoy tiene 57 años, subrayó que el avance que tuvo la tecnología en el último tiempo hizo que se cambiaran los métodos de trabajo y le permitió contar con equipos de última generación que hacen los análisis automatizados, lo que llevó a enviar solo unos pocos a otros laboratorios más grandes.

Pero nada se deja librado a los caprichos de las máquinas, ya que se controla todo. “Siempre hay un profesional que valida los resultados. Si existe alguna duda, si no se condicen con los antecedentes del paciente (tienen un programa con los datos anteriores de cada uno), se repite el análisis para despejar cualquier inquietud”.

“Además, si tras las revisiones correspondientes hay algún valor de alarma, se le avisa al paciente, al médico y, en algunos casos, a familiares de manera inmediata”, informó Silvina.

“También, antes de cada jornada, se les hacen a los equipos los controles de calidad internos y, una vez al mes, uno externo, para lo que se trabaja con el Programa de Valuación de Calidad de la Fundación Bioquímica Argentina”, agregó.

Cuenta con un gran equipo de trabajo conformado por las secretarias, que se encargan de recibir a los pacientes y cargar los datos en el sistema y en las obras sociales; técnicas en laboratorio, que extraen sangre junto a ella; un bioquímico de turno, que va rotando día a día como si fuera una guardia de hospital; y una mujer que hace el mantenimiento y deja en condiciones el lugar.

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Contó que, a veces, cuesta conseguir bioquímicos para laboratorios porque la carrera y la salida laboral se fueron diversificando en varias ramas, como la biotecnología, la investigación, el trabajo con vacunas y el control de calidad en diferentes empresas, por ejemplo.

Destacó el avance que tuvo la ciencia en lo que respecta a los controles de salud. “Antes se les hacían chequeos más que nada a las mujeres. Hoy es normal que todos se hagan análisis anualmente; algunos, incluso, cada seis meses, como por ejemplo el de tiroides”.

Destacó que, gracias a ello, se pueden hacer seguimientos de las alteraciones en esta glándula cuando los valores de los análisis se encuentran en los límites y comenzar con el tratamiento antes de que se manifiesten los síntomas.

“Y a los niños, por protocolo, también se les hacen análisis. Esto lleva a que se detecten muchas patologías a tiempo”, resaltó sobre el trabajo que se realiza con los más pequeños.

Por otro lado, hace un tiempo comenzaron a ser más asiduas las extracciones a domicilio, que “están destinadas a personas mayores internadas en hogares o a quienes se encuentran imposibilitadas de movilizarse por diferentes cuestiones”.

Con respecto a una etapa difícil para las personas, más que nada para el personal relacionado con la salud, como lo fue la pandemia por COVID, recordó: “Fue terrible, muy estresante”.

“La gente estaba mal y tenía mucho miedo y, a veces, eso se transmitía. Además, teníamos las manos lastimadas de tanto desinfectarnos. Por suerte ya pasó y espero que nunca se repita”, subrayó Silvina.

Siempre destaca a su mamá, quien hoy tiene 81 años y reside de manera permanente en Mar del Plata después de aquella época. “Alternaba entre allá y La Plata. El COVID la agarró allá y decidió quedarse definitivamente”.

Hoy Norma disfruta de la pasión por los viajes, de visitar a sus nietos e hijos —los otros dos, Mariela y Marcelo, viven en la capital provincial y en Gonnet, respectivamente— y de seguir nadando estilo pecho, como lo hacía todas las tardes de verano en la pileta del Club Atlético y Progreso.

Dejó el legado en su hija Silvina, quien transformó ese pequeño laboratorio de 1971, que sigue ubicado en la esquina de Sáenz Peña y San Martín, frente a la plaza principal, en un centro de análisis clínicos acorde a los tiempos que corren.

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