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Brandsen

Miguel de la Torre: el histórico playero de la YPF que se despidió después de 45 años

Miguel de la Torre: el histórico playero de la YPF que se despidió después de 45 años 1

Detrás de la Noticia charló con el explayero de la YPF —que se despidió de la actividad después de 45 años— sobre su llegada a Brandsen, los duros momentos que le tocó pasar y su vida junto al surtidor

Cuando uno va a cargar nafta a una estación de servicio siempre quiere que el playero lo reciba amablemente, sea rápido y prolijo en la carga de combustible y sepa responder con exactitud ante cualquier consulta.

Esas y otras virtudes son las que tenía para dar en sus labores Miguel Ángel de la Torre, quien el 30 de junio pasado, y después de 45 años, le dijo adiós a este trabajo que lo apasionaba.

La mayoría lo conocía y, cada vez que se acercaba a la estación de servicio YPF de Brandsen, charlaba brevemente con él mientras el tanque se llenaba. Pero poco saben sobre su historia de vida, que comenzó en su General Belgrano natal casi 65 años atrás.

Por eso, Detrás de la Noticia se acercó a su casa, ubicada sobre calle Azcuénaga, donde Miguel —entre mate y mate, y mientras miraba de reojo en la televisión el partido entre España y Austria por el Mundial de Fútbol 2026— detalló cómo fue su llegada a esta localidad, los duros momentos que pasó, su salida adelante y lo transcurrido durante estos años en sus labores.

“Vinimos a Brandsen en 1971 porque mis viejos querían que mi hermano terminara la escuela secundaria, porque en Belgrano se hacía solo hasta 3.º año”, contó al inicio de la charla.

Sus padres vendieron una chacra que tenían allá para comprarse una casa acá —que tenía otros dos inmuebles atrás, que luego pusieron en alquiler— y un local sobre la calle Mitre, casi en la esquina con Castelli.

La vida transcurría normalmente hasta que en 1977 su hermano —que había puesto un almacén y rotisería en el lugar— falleció en un accidente ocurrido durante los festejos por el Carnaval. Tiempo después también murió su padre y su madre se mudó a Las Flores.

Para Miguel fueron golpes duros que lo llevaron a madurar de golpe a los 16 años. Quería seguir estudiando, pero no podía porque debió ponerse al frente del negocio para pagar algunas deudas que habían quedado.

Con esfuerzo, pudo salir adelante, cerró el comercio y vendió el local. Hasta que llegó a su vida una persona que pasó a ser un puntal, quien lo acompañó y hoy sigue estando a su lado luego de tantos años: Silvana Finocchio.

“Mi sostén fue la familia de ella, me contuvieron. Mi suegra, Bice Deluca, fue mi segunda madre”, se refirió con los ojos humedecidos sobre cómo sobrellevó esa etapa difícil de su vida. “Me la pasaba en la casa de ellos”.

Su llegada a la YPF —que en ese momento pertenecía a la empresa Emilio Pourtau— se dio en 1981, con solo 18 años de edad, pero tuvo que dejar ese lugar para cumplir con el servicio militar de entonces.

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“Trabajé solo unos meses, pero Oscar (Pourtau), cuando fui a devolver la ropa, me dijo que volviera al finalizarlo”.

Como todo comerciante con buen ojo, ya había notado lo que valía Miguel, por eso no lo quería perder y le reservó el puesto. Y ahí comenzó una relación con la firma —que a su regreso ya se denominaba Pourtau Combustibles— que se extendió hasta días atrás.

Pasó por todos los turnos (en algunos momentos eran rotativos), vivió situaciones de todo tipo, se relacionó con infinidad de colegas y estuvo un tiempo como encargado interino de la estación, algo que lo incomodaba.

“No quería mandar a mis propios compañeros, no me gustaba, sentía que no servía para eso”.

En los últimos años, su horario habitual fue de 6.00 a 14.00, turno que desempeñó hasta el **30 de junio**. A partir de ese día comenzó a tomarse las vacaciones que le quedaban pendientes, las cuales se extenderán hasta el **20 de julio**, fecha en la que cumplirá 65 años y pasará oficialmente a estar jubilado.

Miguel tuvo una despedida acorde a lo buen compañero y empleado que fue. Reconoció que algo intuía, pero no la magnitud que alcanzó, con pasacalles dentro de la estación de servicio, visitas y saludos de excolegas, fotos por doquier, videos en las redes sociales y entrevistas en los medios de comunicación.

Incluso le sorprendió el nivel de complicidad de todos los involucrados, entre los que además estuvieron su familia y los propietarios de la firma. Es más, también le organizaron una cena sorpresa en un conocido bar céntrico, que fue especialmente abierto para la ocasión.

“No vi nada raro en ningún momento, no me di cuenta. Sí creía que nos íbamos a juntar a comer en algún momento. Después me enteré de que hablaban continuamente, pero cuando me acercaba se callaban”, declaró.

Se mostró agradecido por el cariño que recibió de parte de la gente de Brandsen, mucha de la cual se acercó a saludarlo.

“Creo que es porque siempre atendí a las personas con buena cara, nunca tuve problemas con nadie”.

Aseguró que, más allá de su manera de ser, ayuda mucho poner en práctica lo aprendido en los cursos que se brindan en YPF.

“Cuando un cliente está en problemas, siempre hay que tratar de solucionárselo o, si uno ve que llega con cierto malestar, a veces hay que hacer de mini psicólogo”.

“También ya conocemos a los que son medio complicados. A esos hay que atenderlos rápido para que se vayan”, agregó. Es más, sucedió con dos de ellos que se molestaron cuando lo despedían.

Hoy ocurre que muchos automovilistas no se bajan de sus vehículos para cargar nafta, algo que, aseguró, creció muchísimo luego de la pandemia por COVID. A algunos playeros esto les molesta, algo que a Miguel no le ocurre porque para él son decisiones personales que no afectan a su labor.

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Además, comentó que el trabajo de ellos está constantemente bajo la lupa, ya que se tienen en cuenta las opiniones de los clientes en las redes sociales o en la aplicación de YPF, por ejemplo.

También, desde esta compañía y desde la firma propietaria de la estación de servicio, hay controles secretos.

“Se le llama el 'cliente misterioso'. Viene en diferentes días y horarios y evalúa todo: imagen, atención, limpieza y otros aspectos. Algunos son muy rigurosos”.

Por otro lado, contó que esta estación de servicio tuvo durante un tiempo un convenio con el Automóvil Club Argentino (ACA), que les permitía a sus socios, así como a empresas y organismos del Estado adheridos, pagar con vales. Miguel era quien viajaba una vez por semana a la sede de esta asociación en La Plata para canjearlos por el dinero correspondiente.

Cuando se sumó el sector del GNC pasó a trabajar allí durante un tiempo, pero reconoció que no le gustaba.

“Hice la carga inaugural junto a César Uzcudum. Tenía un susto…”, recordó entre risas. “Es algo muy seguro, pero incluso hoy me da miedo, no sé por qué. Por suerte estuve tres meses y me fui”.

Fuera del tema de la despedida, y al ser consultado sobre la actualidad del autodespacho de nafta, opinó:

“Es algo que existe en muchos países, pero me preocupa el tema de la seguridad”.

“Me tocó hacer cursos, trabajamos junto a Bomberos sobre el rol de cada uno en incendios, usamos calzado especial. Por algo esto es así. Para mí lo ideal sería un sistema mixto, con un sector con empleados que te carguen y otro para autodespacho”, resaltó.

Miguel sabe que llegó un tiempo para disfrutar más de la vida, de sus cuatro hijos, de sus dos nietas y de todo lo que no pudo hacer durante estos años.

“Primero voy a descansar, no sé cuánto tiempo”, dijo entre risas, “pero cuando llegue la primavera vamos a empezar a viajar, en auto, en colectivo y, si convenzo a Silvana, en avión. Hay que aprovechar mientras se pueda”.

“A mí ser playero me dejó muchas enseñanzas: la relación con la gente, el haber conocido a muchísimos, esas charlas cortas de unos pocos minutos con personas de acá, del campo y con quienes estaban de paso”, brindó Miguel como reflexión final.

Ahora, cuando uno vaya a cargar nafta a la YPF de la intersección de Ituzaingó y Presidente Perón, seguramente extrañará su sonrisa, su amable “buen día” y ese cordial intercambio de palabras que fueron su marca registrada durante cuatro décadas y media.

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