El flamante vicepresidente 1° del Consejo General de Educación bonaerense mantuvo una extensa charla con Detrás de la Noticia sobre sus inicios, su carrera y la actualidad en la docencia
Muchas veces las personas miden sus logros en base a metas que se plantearon y consiguieron, otros lo hacen por sus triunfos económicos y están aquellos que los sostienen por el alcance que obtuvieron como profesionales, artistas, comerciantes o deportistas, por ejemplo.
Sin embargo, se encuentra un grupo de individuos orgullosos del lugar que ocupan, de la manera a la que llegaron a él y que, humilde e incansablemente como siempre lo hicieron, siguen trabajando no en pos de acaparar más poder sino con el fin de mejorar diferentes cuestiones que tienen que ver con la vida de la gente.
Una de las personas que, sin dudas, se encuentra dentro de ellos se llama Marcelo Zarlenga, un vecino de Brandsen que el 6 de febrero pasado asumió como vicepresidente 1° del Consejo General de Educación de la provincia de Buenos Aires y se transformó en el primer docente elegido para el cargo en sus casi 150 años de historia.
Desde este órgano, que tiene rango constitucional y se encarga de todo lo referido a la educación a nivel provincial, será el nexo directo con la Directora General de Cultura y Educación bonaerense, Flavia Terigi, quien a su vez es la presidenta del mismo.
Dueño de una extensa trayectoria en el ámbito pedagógico -empezó a dar clases a los 21 años (hoy tiene 54)- y con publicaciones en el ámbito nacional e internacional, una de ellas junto al actual gobernador Axel Kicillof, este docente oriundo de la zona rural de Domselaar, mantuvo una distendida charla con Detrás de la Noticia en la que contó cómo fue el camino de su vida, las funciones que cumple en la actualidad y los desafíos planteados en un tema tan importante como es la educación.
“Vivía en el campo, en un establecimiento llamado “La Mansa”, en el kilómetro 60,500 de la ruta provincial 210, en el límite entre San Vicente y Brandsen. Es lo que se conoce como “El deslinde”. Hoy ahí hay una fábrica de muzzarella”, comenzó Marcelo. Era una zona de terrenos bajos, humedales, bañados, con unas pocas quintas de fin de semana en el barrio Las Acacias y con el monolito en honor al Teniente Origine a la vista.
Sus padres trabajaban como puesteros en el lugar. Él es el menor de seis hermanos (uno de ellos falleció en un accidente). Como todo niño de esa época, colaboraba en las tareas rurales: “desde los 5 años ya trabajaba en las labores del campo, andaba a caballo, me subía al tractor. Es más, iba al almacén de Charlín, que estaba en kilómetro 61,800, y cuando había crecidas cruzaba el arroyo con el agua llegándole a la panza del caballo”. Por la diferencia de edad, tuvo más trato con sus hermanas mujeres. Había que inventar juegos para divertirse en los tiempos libres, pero Marcelo recuerda “como su gran salida” ir a pescar a ese curso de agua.
Como la gran mayoría de los chicos de campo, iba a caballo al colegio. La primaria, hasta 6° grado, la hizo en la Escuela N° 4 de Domselaar. Se trasladaba por la calle de tierra paralela a las vías del ferrocarril Roca y dejaba el equino atado en una panadería lindera. Eran tiempos en los que el pueblo tenía unos 1.000 habitantes y contaba con una sola arteria asfaltada.
Años después, comenzó a ir en colectivo y a la vuelta lo traían en auto tres maestras, a las que él recordó con cariño: “cruzaban la ruta y me dejaban en la puerta de casa porque mis papás tenían miedo por el accidente que había tenido mi hermano. Eran Delia Verde, de Ranchos; Viviana Saldeña y Adriana Maggi. Ellas, como personas, me marcaron en la vida y dejaron una huella muy profunda para bien”.
Eligió hacer 7° grado en la Escuela N° 1 de Brandsen porque quería estar mejor preparado para el ingreso a la secundaria. Se refirió a Liliana Cupparo como “mi gran maestra, con mayúsculas”. Además, allí forjó un sólido grupo de amigos que aún se junta una o dos veces por año.
Cursó en la Escuela Media N° 1 y egresó en 1990 con el título de Bachiller en Ciencias Sociales con orientación en Programador. Fue abanderado por haber tenido las mejores notas en la carrera. “Fui el primero que obtuvo 10 de promedio. Ocurrió en segundo año. Siempre tuve esa cosa, por algo de la vida, que me tocó ser la punta de iceberg en algunas cuestiones”, manifestó sin dejar de lado su humildad.
“Siempre tuve inclinación por lo social. Por eso, me había inscripto en sociología en la UBA (Universidad de Buenos Aires), pero no podía afrontar en ese momento la carrera. Antes los libros se compraban, las fotocopias salían una fortuna. Así que empecé Comunicación en La Plata, en la vieja Escuela de Periodismo que estaba en avenida 44”, detalló sobre sus comienzos universitarios. Se quedaba en la casa de sus hermanas, que vivían allá, para gastar menos. Hizo primer año y, de forma paralela, realizó un curso en Informática Educativa. Más tarde se pasó a la UBA, donde obtuvo la Licenciatura en Comunicación Social. Su tesis fue sobre “el impacto del uso de internet en el ámbito académico”. Un visionario, ya que el acceso a la web a nivel masivo recién empezaba.
Pero en el medio, siendo un joven estudiante, inició su relación con la educación, esa pasión que lo llevó a forjar un sólido y comprometido camino en este ámbito. “Empecé el 23 de marzo de 1993, hace casi 33 años. Tomé talleres de Informática y suplencias en Comunicación. Fue duro al principio porque eran los últimos años de la secundaria. Yo tenía 21, prácticamente la misma edad que mis alumnos. Estaba en la boca del lobo (risas)”, destacó.
Llegó a tener todos los cursos de Brandsen y Jeppener de esas materias. Pero sus mayores recuerdos los tiene en las escuelas de adultos: “fueron las experiencias más maravillosas de mi época, porque era el adulto que iba a estudiar como desafío. Había historias conmovedoras, personas a las que circunstancias de la vida, algunas bastante pesadas, no les habían permitido hacer la secundaria”.
Pasaron una especialización en Comunicación Institucional en la USES (Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales), el postítulo en formación docente y varias diplomaturas. También hizo un curso de oratoria en la UBA y otro de teatro, que lo ayudaron mucho en su carrera: “era muy vergonzoso, me costaba mucho lo público, hablar frente al otro. Estudié con un profesor español que trabajaba en juegos teatrales. Ambas me dieron muchas herramientas para desinhibirme, estar ante el resto, aunque sean chicos en el aula”.
También dio clases en la primaria del Instituto Federico Brandsen y en el Instituto Superior de Formación Docente N° 49. Pero otra experiencia que subrayó como “maravillosa” fue el taller de integración que dio ad honorem en el Centro Educativo Complementario N° 801. En 2005 concursó para inspector interino y quedó primero en el listado a nivel provincial. Empezó en el Distrito La Plata extensión Brandsen y, más tarde, fue inspector titular en San Vicente.
Siempre tuvo una relación especial con el SUTEBA, al que se afilió apenas comenzó a trabajar en la docencia. Había formado parte del centro de estudiantes de la secundaria porque “tenía esa cuestión de la participación en la defensa”. Fue delegado pero después se incorporó al grupo de formación del gremio. Luego estuvo en el equipo de investigación, desde donde realizó diferentes publicaciones.
El año 2006 fue la bisagra dentro de su carrera. Fue elegido como delegado de Brandsen para la elección de los nuevos integrantes del Consejo General de Educación de la Provincia. Era el más joven de los 134 representantes provinciales (Lezama aún pertenecía a Chascomús) y le tocó ser el secretario de esa asamblea. Quedó entre los ocho del listado que le elevaron al entonces gobernador Felipe Solá y a la Directora General de Cultura y Educación, Adriana Puigrós. Tras analizar los antecedentes de los postulantes fueron seleccionados cuatro: uno de ellos, Marcelo. Desde entonces cumple funciones allí.
El trabajo que lleva a cabo el Consejo –integrado por cuatro representantes docentes y seis políticos (tres del oficialismo y tres de la oposición)– es muy amplio y, a la vez, trascendente en la vida de cada bonaerense: asesoramiento y trabajo sobre planes y programas de estudio, diseños curriculares, anteproyectos de leyes, estatutos y reglamentos relacionados con lo educativo, la administración escolar y la carrera docente, entre otras tareas.
“Es un desafío porque implica un nivel de responsabilidad muy alto. Además, no podría ser un funcionario de escritorio. Tenemos que serlo de territorio porque no hay que perder nunca de vista lo que pasa en la vida cotidiana, donde está el termómetro de aquellas cuestiones que pueden ser conflictivas, las alarmas, lo que hay que atender”, comentó Marcelo sobre el trabajo en el nuevo cargo.
La tarea no será fácil porque el sistema educativo provincial se encuentra descentralizado en 135 distritos. Cuenta con 21 mil escuelas, 5 millones de alumnos, 480 mil docentes y 85 mil auxiliares, más todo el sector administrativo. “Es el segundo más grande de Latinoamérica después de San Pablo, Brasil. Incluso, la cantidad de estudiantes es mayor que toda la población de Uruguay, para hacer una comparación”, señaló.
Hoy la docencia muchas veces es cuestionada. Marcelo sostuvo que “gran parte de los problemas que tiene la escuela es que, simbólicamente, se le exige todo. Es una caja de resonancia de lo que pasa afuera en este tiempo con problemáticas muy complejas, como la salud mental, la ludopatía y las adicciones, por ejemplo”.
Uno de los temas a tratar desde el Consejo es la baja de natalidad, que se empezó a notar en el nivel inicial. “Se está trabajando en ello. Este año se aprobaron casi 1000 propuestas para sostener esos jardines y los cargos. Por ejemplo, se abrieron salas de 1 año en espacios ociosos, se ampliaron jornadas, se habilitaron salas multimodales y el trabajo por parejas pedagógicas”, contó. Agregó que “es un problema mundial y obliga a repensar también estructuralmente la organización institucional. Esa agenda es inmediata”.
Con respecto a la formación, en base a la proyección 2027-2028, la idea es actualizar los profesorados, las escuelas de artística y los centros de educación física, más la revisión de las tecnicaturas. Con respecto a éstas buscan que estén ligadas a la ciencia de datos, a lo socioproductivo y a las necesidades locales, como, por ejemplo, la de Aviónica, que se dicta en Ezeiza; o la de piscicultura y acuicultura, en la zona de Bahía Blanca y Mar Chiquita. “En Inicial y Primaria la idea es trabajar fuertemente sobre la enseñanza en las prácticas del lenguaje y matemática, como ya se venía haciendo”, reveló.
Con respecto a otra discusión en ámbitos académicos como el uso del celular en las aulas, opinó: “no es ni una cosa ni la otra. No es la prohibición ni tampoco que reemplace. Tenemos que darnos un gran debate porque, de repente, una pantalla puede ser una herramienta pedagógica que acompañe pero también un distractor”.
Por otro lado, Marcelo descartó en un corto plazo volver al ruedo en la política local, ya que el nuevo cargo no le deja tiempo suficiente para poder brindarse de la manera en la que él desearía: “sigo siendo un referente del Movimiento Mayo, que en Brandsen trabaja mucho, pero el nivel de responsabilidad que tengo a nivel provincial hace que mis tiempos estén muy acotados. No me veo como sí ocurrió en 2019. En ese momento, con Federico Branz, quería poner a disposición mis conocimientos, mi idea de gestión. Lo que no dejo de lado para un futuro, porque creo que tengo herramientas como para hacerlo, es la tarea legislativa”.
Marcelo hace 28 años que está al lado de Laura “Bachi” Bonadeo, con la que formaron una familia que adora. A ella la define como “su gran compañera y la persona que tiene otra mirada sobre lo cotidiano”. A sus dos hijos, Fausto, abogado de 23 años; y Carmiña, de 22, psicóloga y actriz; los describe con orgullo como “empáticos y socialmente comprometidos: son el mayor regalo de la vida”.
La charla se extendió mucho más de lo pensado y podría haber durado horas por el detalle en cada respuesta, explicación clara y hablar ameno. Antes de despedirse de Detrás de la Noticia, quiso dejarle a los lectores una reflexión que se refleja en los pasos que da cada día:
“Agradezco vivir consciente, tener conciencia social. Creo que mucho de lo personal en mi caso también tiene que ver con convicciones, con los sueños colectivos en este mundo que va cada vez más hacia el individualismo, a la descalificación, a la anulación del otro, al sálvese quien pueda. Y agradezco no olvidarme de mi origen. Eso es lo más importante”.
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