Detrás de la Noticia charló con el dramaturgo local sobre su nueva obra, “Casimiro del tango”, y cómo un contador llegó a codearse con las letras.
Muchas veces existen personas que tienen un don guardado por varios años, que a veces cuesta que salga a la luz o que directamente no llega a verse.
En muchos casos, ocurre porque ese individuo no lo quiere dar a conocer o sólo lo comparte con personas allegadas porque ése es su interés. Pero, en otras oportunidades, el poco tiempo libre que deja la vida no permite que se desarrolle en su plenitud.
Algunos sí lo logran, como es el caso de Augusto Patané, a quien desde niño le gustaba escribir y pudo desarrollar su amor por las letras a pesar de ser un apasionado por los números.
Hoy, este contador de 47 años, oriundo de Quilmes pero brandseño desde los 9 por adopción, se transformó en un importante dramaturgo y semanas atrás la obra teatral que escribió, “Casimiro del tango”, fue presentada con éxito en la Ciudad de Buenos Aires. Por eso, Detrás de la Noticia charló con él sobre este musical y cómo llegó a codearse con este arte.
“Ésta es la historia de Casimiro Alcorta, al que se lo considera el padre del tango. Él era mulato, hijo de esclavos y nacido liberto en Santiago del Estero. Como le gustaba la música, vino a Buenos Aires en 1860 y empezó a tocar en los cabarets”, detalló Augusto sobre el protagonista de la obra.
Era una época en la que la mayor parte de la vida social, cultural y musical se desarrollaba en estos lugares, frecuentados por personas de diferentes clases sociales. Allí comenzaron a mezclarse distintos estilos musicales, que fueron los pilares del tango.
“Esta obra es un musical con historia, con canciones del inicio del tango y cómo fue evolucionando hasta convertirse en lo que es. Hay candombes, una habanera y tango, por supuesto”, contó.
Se puso en funciones en el Centro Cultural Macedonia, en Sarmiento 3632 de la Ciudad de Buenos Aires, un lugar que entre semana tiene actividades de “milonga” (se va a bailar tango) y está ubicado en una zona denominada “El barrio del tango”, porque allí vivió Carlos Gardel.
“Arrancamos la última semana de julio y tuvimos muy buena respuesta del público. Estamos hasta el 13 de septiembre y, por cuestiones de agenda, volvemos en noviembre. La sala está muy bien presentada, algo que también me gustó”, agregó Augusto.
El sitio es chico, para sólo 40 espectadores, pero tiene las mesas distribuidas de cierta manera que permite aprovechar todos los espacios. “Se vive como una experiencia especial porque los actores están al lado del público. Además, la obra es entretenida y atractiva para todas las edades. Es difícil romper con ese prejuicio que hay sobre el tango, pero se logra y va mucha gente joven”.
Declaró que para escribirla debió investigar bastante porque no existe mucha información sobre Casimiro. Comenzó hace tres años y lo ayudó mucho la charla que mantuvo con un autor que tiempo atrás había hecho una obra sobre él, pero que se volcaba todavía más a la música y no tanto a su vida.
A Augusto lo atrapó la historia de su llegada a Buenos Aires, en una época con una fuerte identidad en los arrabales y donde comenzaba a sentirse la influencia de la floreciente ola inmigratoria europea.
“Él se enamoró de una prostituta italiana a la que conoció en un cabaret. Con ella milongueaba y la quería tanto que tuvo que disputársela al cafishio para sacarla de ahí. Es una historia de amor muy linda. Después ellos se convirtieron en una pareja de baile, pero nunca dejaron de tener una condición muy humilde”, relató.
Agregó que Casimiro fue uno de los primeros en ponerle letra a un tango, ya que al principio sólo eran piezas musicales. Una de las más conocidas fue “Concha sucia”, dedicada a las trabajadoras sexuales y que años después fue adaptada por el famoso compositor Francisco Canaro porque su letra era muy grosera.
Como si fuera una correlación de historias, en otra exitosa obra de su autoría, “La Falcón”, Augusto cuenta el romance clandestino de este tanguero con Ada Falcón, conocida como “La emperatriz del tango” y quien fuera la cantante estrella de su orquesta.
Estrenada en 2021 y con giras realizadas por el interior, todavía está en cartel y va por su octava temporada (no se miden por años, sino por puestas en escena).
“Fui hace poco y la sala estaba llena, incluso con algunos extranjeros. Me sorprendí y sentí un orgullo tremendo. Después me emocioné mucho al leer los comentarios que la gente dejaba en la plataforma donde se compran las entradas (Alternativa Teatral)”, rememoró.
Se pone en funciones un domingo por mes al mediodía en una sala de teatro y bodegón llamada “Hasta Trilce”, ubicada en Maza 177, a dos cuadras de avenida Rivadavia, en el barrio porteño de Almagro.
“Luego de ‘La Falcón’ te puedo decir que se puede cumplir el sueño de que te vaya bien, pero no económicamente, sino el de mantener una obra en cartel muchos años. Ahora el desafío es poder seguir ofreciendo buenas piezas teatrales”, manifestó.
Desde chico, a Augusto le gustó escribir. Empezó entre los 9 y 10 años y lo hacía como un entretenimiento personal. A veces, sus amigos de la infancia, los cuales todavía conserva, lo venían a buscar para jugar al fútbol y a él le costaba levantarse de la silla, pero finalmente iba.
A pesar de ello, al finalizar la escuela secundaria empezó a estudiar Ciencias Económicas, una carrera totalmente opuesta, recibiéndose en la Universidad Nacional de La Plata en 2005, ciudad a la que se había mudado hacía un tiempo.
Consiguió trabajo en el ENRE (Ente Nacional Regulador de la Electricidad) y años después —ya instalado en la Ciudad de Buenos Aires— decidió que era la hora de que su pasión por las letras tomara un camino más serio: comenzó a estudiar guion de cine con Jorge Maestro (conocido por ser autor de un sinfín de éxitos televisivos).
Tiempo después, junto a sus compañeros hicieron un radioteatro llamado “De puño y letra”, que se emitió por Radio Universidad de La Plata y en al menos 30 emisoras del interior del país con muy buena repercusión.
Su primera obra fue “Una curiosa expareja”, puesta en escena en esa ciudad: “Nos fue recontra bien, a la gente le encantó, siempre estaba llena la sala, pero yo sentía que me faltaba algo, que tenía que seguir estudiando”.
Y así lo hizo. Augusto consiguió perfeccionarse y ser muy bueno en lo que hace, pero a la vez siente que le faltó la formación universitaria —a la que respeta mucho— porque, resaltó, brinda muchas otras herramientas e integridad a lo que se escribe, que se suman al talento que uno trae.
“A mí me gusta el teatro, los musicales, contar historias, escribir canciones de época, como así también investigar la vida de los cantantes, encontrar que sean interesantes, atractivas para el público”, sostuvo.
“Me gusta mucho contar números y contar historias, lo disfruto. A veces termino un día largo de trabajo (se desempeña en una concesionaria de autos local) y después sigo escribiendo”, detalló sobre esta dicotomía que para muchos sería imposible de llevar a cabo.
Con respecto a los logros, cree en una fórmula que nunca dejará de lado: “Para mí el éxito está en armar equipos con gente comprometida, que cada uno deje de lado los egos, que comparta el talento, que entienda que todos tienen que brillar, ser buenos”.
Sobre los proyectos que se vienen, anunció: “Este año escribí una obra sobre un conocido escritor de tangos y estoy investigando sobre el nacimiento de un ritmo y una banda relacionada”. Augusto no quiso dar muchos detalles de ambos, pero sobre el último anticipó que estará relacionado con la cumbia.
Por otro lado, destacó el excelente momento que, a pesar de la crisis económica, tiene el teatro comercial, con espectáculos a sala llena, como así también el independiente, que, a pesar del esfuerzo que hace, cuando se ofrece una buena obra cuenta con el acompañamiento de la gente.
Los brandseños siempre tuvieron una excelente respuesta ante las piezas teatrales de su autoría. Por eso, Augusto no quiso dejar de reconocerlos: “Estoy súper agradecido con ellos. Hay un grupo que siempre me acompaña, que también asistió cuando trajimos obras acá. Y no quiero olvidarme de mis amigos, que son incondicionales”.
La pandemia lo trajo nuevamente a esta ciudad que tanto ama y decidió no moverse. Su casa centenaria —que, a pesar de estar en la zona céntrica, a pocos metros de calle Ferrari— cuenta con anchas paredes que filtran los ruidos que vienen del exterior y le brindan tranquilidad para investigar y escribir.
Además, el techo alto y algunas viejas aberturas seguramente hacen que su mente se transporte a edificaciones similares a las que habitaron sus personajes allá por fines del siglo XIX y principios del XX, para luego recrear lo que sucedió allí y dejarlo plasmado en esas líneas que se transformarán en un éxito teatral.
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