El productor local conversó con Detrás de la Noticia sobre sus comienzos, el crecimiento de Kaisar Bier y el éxito de la Fiesta Regional de la Cerveza de Brandsen.
Si uno se retrotrajera unos quince años, difícilmente habría imaginado el auge que tendría la cerveza artesanal y que su fabricación y consumo llegarían a instalarse en cada rincón del país, desde las grandes ciudades hasta los pueblos más pequeños.
Con productos de calidad, una amplia variedad y una presencia cada vez mayor en las cartas de hamburgueserías, bares y restaurantes, este tipo de bebida dejó de ser consumida únicamente por los habitués de la “birra”.
Brandsen, por supuesto, no quedó afuera de este crecimiento. Actualmente, el distrito cuenta con dos productores, un comerciante dedicado a su venta y hasta una fiesta regional de la cerveza artesanal que, luego del éxito de sus primeras ediciones, este año volverá a realizarse por tercera vez.
Néstor “El Alemán” Rasiak es uno de los referentes locales del rubro. En el marco del Día Internacional de la Cerveza, celebrado el 7 de agosto, y del Día de la Cerveza Artesanal, que será el próximo 21 de septiembre, conversó con Detrás de la Noticia sobre sus comienzos, su actualidad y el camino que recorrió hasta lograr el producto que buscaba.
“Mi historia es muy loca, pero a la vez está muy buena. El padrino de mi hija Emilia, Martín Pelacchi, un día me dijo que había soñado que fabricábamos cerveza artesanal en mi galpón”, contó Néstor al recordar cómo comenzó en el rubro.
Los dos ya conocían el tema: Martín tenía el local “La Pinta” y quería adentrarse en la elaboración, mientras que Néstor, como buen descendiente de alemanes, disfrutaba de la cerveza artesanal.
A cualquiera le habría parecido una ocurrencia graciosa, pero Néstor lo tomó como una señal. En ese mismo momento ingresó a internet y comenzó a buscar lugares donde pudiera capacitarse en la Ciudad de Buenos Aires.
“Los sueños están para cumplirse”, recordó que pensó en aquella oportunidad.
Martín comenzó a reírse, pero al advertir la seriedad de su amigo decidió ayudarlo. “Al final, por falta de tiempo, no pudo sumarse al proyecto y solamente yo hice el curso, aunque compartía con él todo lo que aprendía. Lo valoro muchísimo porque fue quien me dio el empujón”, explicó.
Así comenzó a involucrarse de lleno en la actividad. Compró los equipos de manera paulatina y acondicionó un pequeño galpón en el que su padre guardaba leña. Primero experimentó con una bebida llamada hidromiel y, una vez que reunió todo lo necesario, produjo su primera tanda de cerveza en 2017.
“Arrancamos con una IPA porque hacía poco la empresa Patagonia había lanzado la 24.7, de esa misma variedad, que nos encantaba. Como buen malvinero que soy —preside el Centro Cultural Por Siempre Serán Héroes de Brandsen—, quería que saliera el 2 de abril”, destacó.
Y lo consiguió. Sin embargo, la mayor emoción llegó cuando terminó de elaborarla a las 5 de la mañana, apenas 30 minutos antes del horario en el que se produjo el desembarco argentino en las Islas Malvinas en 1982.
“Hicimos apenas 20 litros y salieron espectaculares, muy buenos”, recordó.
“En esa oportunidad llamé a Marcelo Sita, un reconocido excombatiente, para que la probara. Hoy, durante cada vigilia por Malvinas, les obsequiamos una botella conmemorativa a los excombatientes de Brandsen. Todos los años preparamos etiquetas y sabores diferentes”, contó.
Como ocurre habitualmente durante los primeros pasos de cualquier emprendimiento, no todo fue color de rosa.
“El proceso es muy sensible y, en las tandas posteriores, no tuvimos en cuenta los cambios de temperatura que a veces se producen durante el invierno, cuando algunas tardes pueden superar los 20 grados. Terminamos tirando unos 600 litros”, relató.
A partir de ese momento, el trabajo sobre la refrigeración se volvió fundamental y le permitió producir una cerveza de buena calidad. Sin embargo, Néstor todavía no estaba conforme con el resultado ni se sentía realizado.
“Para obtener la cerveza rubia que me gusta tardé casi cinco años y medio. Todo fue prueba y error”, resaltó.
Para perfeccionarla contó con los mejores catadores que podía conseguir: sus amigos. A ellos les preguntaba qué sensaciones les producía, qué debía modificar y qué aspectos podía mejorar. De esa manera, finalmente logró alcanzar el sabor que buscaba.
El paso hacia la comercialización fue casi inmediato, aunque al principio las ventas se limitaban a personas de su círculo cercano. El salto llegó cuando Martín le pidió un barril para su local. Más tarde, cuando abrió su bar sobre la calle Ferrari, la comercialización aumentó y la cerveza comenzó a hacerse conocida.
También había que elegir un nombre. La primera opción fue “Coronel”, acompañada por el eslogan “La cerveza de Brandsen”. Parecía ideal, pero surgió un inconveniente.
“Ya había hecho hasta las etiquetas, pero cuando quise registrar el nombre me encontré con que existía una marca igual en Coronel Pringles”, afirmó.
Finalmente, decidió llamarla Kaisar Bier, utilizando su apellido —Rasiak— escrito al revés.
La charla se interrumpió momentáneamente por la llegada de un cliente que se acercó para devolver una chopera que había alquilado para un cumpleaños. Actualmente, esa modalidad representa su principal actividad comercial, aunque también vende cerveza en botellas y botellones, y cuenta con un carro para participar en ferias artesanales y gastronómicas. Las consultas pueden realizarse a través de su cuenta de Instagram: @kaisarbier.
“Hago las variedades negra, negra stout con coñac, IPA, session IPA, NEIPA, IPA con pomelo durante el verano, roja, honey, rubia suave y rubia fuerte. Es una cerveza más natural, con buen aroma, sin conservantes y con un solo agregado químico para bajar el pH del agua”, detalló Néstor.
También explicó que no todas las personas se adaptan inmediatamente a su sabor.
“A muchos no les gusta la cerveza artesanal porque tiene más cuerpo y es más fuerte. Además, están acostumbrados a la cerveza tradicional. Pero hay otros que, después de probarla, ya no quieren volver a consumir la otra”, sostuvo.
Consultado sobre las razones que impulsaron el crecimiento de la cerveza artesanal, cuyo mayor auge se produjo antes de la pandemia de COVID-19, consideró: “Lo que ocurre es que copiamos mucho de Europa y de los Estados Unidos, donde esta tendencia había comenzado varios años antes”.
Asimismo, reconoció que durante el último tiempo el consumo disminuyó como consecuencia de la crisis económica y que muchos emprendimientos pequeños debieron cerrar. Según analizó, también influyó que las principales empresas cerveceras lanzaran una mayor variedad de productos ante el crecimiento que había experimentado la elaboración artesanal.
Pese a esa caída, destacó que la mayoría de las ciudades pequeñas y algunos pueblos cuentan con al menos un productor. Además, las cervezas artesanales suelen estar presentes en las cartas de bares, pubs, hamburgueserías y restaurantes, con una muy buena recepción por parte del público.
Por otra parte, Néstor —quien también trabaja como transportista para una curtiembre local— brindó detalles sobre el surgimiento de la Fiesta Regional de la Cerveza de Brandsen, un evento que tuvo una gran convocatoria en sus primeras ediciones y que este año volverá a realizarse.
“Nos reunimos con Sebastián Cano, que produce y comercializa la marca Meissen, y con Walter Philipp, quien vende cerveza artesanal. Con Sebastián somos los dos únicos productores de Brandsen y creíamos que la ciudad debía tener un evento de estas características”, explicó.
“Llevamos la propuesta a la Municipalidad y enseguida nos apoyaron. La verdad es que fue un éxito, con una gran concurrencia de vecinos de Brandsen y de otras localidades. Se calcula que durante el primer año pasaron unas 15 mil personas y, en la segunda edición, alrededor de 25 mil”, manifestó.
Este año, la Fiesta Regional de la Cerveza se realizará los días 21, 22 y 23 de noviembre en la plaza Hipólito Yrigoyen. La entrada será libre y gratuita y el evento contará con la presentación estelar de Amar Azul.
La invitación ya está hecha. Quienes quieran probar una cerveza artesanal producida en Brandsen —y que, como ocurrió en otras ciudades, aspira a convertirse en una marca distintiva del distrito— ya saben dónde encontrarla.