En el marco del Día de la Obstetricia y la Embarazada, Detrás de la Noticia entrevistó a la profesional local, quien tiene 22 años de trayectoria y ya perdió la cuenta de todos los partos en los que participó.
Dar vida, como lo definen los entendidos, es una de las acciones más bellas que se pueden llevar a cabo y las obstetras participan de manera privilegiada en este proceso.
Ver y ser la primera persona que toma con las manos a ese bebé que llega al mundo, observar la cara de satisfacción de esa madre que, luego de tanto esfuerzo, da a luz, y cruzar miradas con el resto del equipo de la sala de parto luego del trabajo cumplido debe ser una sensación inigualable.
Cada 31 de agosto se celebra en Argentina y otros países de Latinoamérica el Día de la Obstetricia y la Embarazada. En ese marco, Detrás de la Noticia conversó con la obstetra local Melina Terrens para rendirle, de esta manera, un simple homenaje a esta profesión tan querida por todos.
“El trabajo de la obstetra está presente en un momento muy importante de la mujer, y también de la familia, porque la llegada de un bebé moviliza a todo el entorno”, destacó al inicio de la charla.
Para ella, ser obstetra se define en cuatro palabras que, a simple vista, parecen simples, pero son importantísimas en la vida: “entrega, servicio, pasión y acompañamiento”.
A Melina —quien hoy tiene 48 años— desde la escuela secundaria le gustaba todo lo que tuviera que ver con la medicina y, cuando le tocó elegir, se volcó a la obstetricia, carrera que en ese momento duraba tres años.
Se recibió en 1998 en la Universidad Nacional de La Plata y, como hubo un cambio en el plan de estudios, hizo un año más y obtuvo la licenciatura. En ese tiempo no se hacía la residencia, por lo que tuvo que buscar un nosocomio para realizar las prácticas.
Ingresó en el Hospital Zonal General de Agudos “Dra. Cecilia Grierson” de Guernica, inaugurado hacía poco, donde estuvo seis años ad honorem. Fue una experiencia primordial en su carrera porque esa ciudad estaba creciendo de manera exponencial y había muchísimos nacimientos, y también porque el lugar era un centro de derivación y tenía un área de neonatología, por ejemplo.
Su primer trabajo rentado en salud —anteriormente llevó a cabo diferentes labores para sustentarse— se dio en el Sanatorio Ipensa de La Plata, en el que, luego de tantos años, todavía es una de las obstetras.
Unos meses después ingresó al Hospital Municipal de Brandsen, donde también sigue cumpliendo funciones. Además, estuvo un tiempo en una clínica de Monte Grande —donde llegó de la mano de la doctora Natalia Rosselli— y en varias unidades sanitarias de La Plata.
Hoy, además, trabaja en los Centros de Atención Primaria de Salud (CAPS) del barrio Las Mandarinas y de Jeppener, con consultorio de preparación a la maternidad, que es otro de los aspectos que le gustan. En su casa y en La Plata también da charlas de preparto, uno de sus fuertes, y el año pasado se formó en consejería y asesoramiento en lactancia.
Con respecto a ellas, Melina destacó el trabajo que se realiza en Brandsen, donde la mayoría de las chicas se conocen y eso hace que después armen grupos y se sigan viendo, y que con el paso del tiempo se encuentren en el consultorio del pediatra, en el jardín y en la escuela.
“Acá se forma como una red, un equipo. A veces nos seguimos viendo, ellas hablan en el grupo de WhatsApp, se apoyan, se acompañan”, resaltó sobre lo que se logra tras esos encuentros.
Melina manifestó que “hoy no solo se maneja el nacimiento, sino que se trabaja con el después, dándole mucha importancia a la vuelta a casa, lo que se llama el puerperio (el tiempo posterior al parto)”.
Subrayó que tiempo atrás no se tenía en cuenta esta etapa en las mujeres y que muchas necesitan apoyo psicológico ante la denominada “depresión posparto”: “La salud mental pasó a ocupar un lugar importante también en este ámbito. Por eso, el acompañamiento es primordial”.
Resaltó que en esto resulta de mucha ayuda el cambio que hubo en los últimos años, en los que el hombre se involucró más en todo el proceso, algunos a la par de la mujer. Hoy ya es normal que participen en las charlas de preparto, estén presentes en los alumbramientos y sean parte de la crianza de los bebés, por ejemplo.
“Ahora son un equipo. El hombre escucha con interés en las charlas, pregunta cómo hay que manejarse, qué tiene que hacer. No va por compromiso”, señaló.
Por otro lado, gracias a estos cursos, mientras en uno de ellos daba gimnasia a embarazadas, descubrió su otra pasión: el yoga. “Las chicas me pedían algo aparte y así fue como estudié yoga para embarazadas, para darles una herramienta más”, sostuvo.
Resulta que terminó dando clases en general y cuenta con un muy buen número de alumnas. Muchas veces las tiene que suspender y da aviso en los grupos de WhatsApp, a veces con la frase: “Me voy a dar vida”.
En tanto, otra de las actividades que sumó son los encuentros con puérperas y bebés: “Es algo gratuito. Se hace una merienda cuando los chicos tienen unos dos meses. Es un momento para ellas, en el que comparten experiencias, disfrutan. No sabés cómo les gusta”.
La charla se interrumpió al sonar su teléfono celular. Melina rápidamente contestó ante la posibilidad de tener que dejar todo y salir para atender un nacimiento. Pero no, fue una llamada particular.
Para aquellos que presenciaron el parto de un hijo, ver la satisfacción con la que ella trabaja y la felicidad con la que recibe a un bebé brinda una tranquilidad que, a veces, es difícil conseguir en ese momento de ansiedad.
Ella es así en cada instante de su vida. Siempre se maneja con un hablar pausado, con una sonrisa, midiendo las palabras. Por eso muchas mujeres la eligen como su obstetra.
“Nuestro rol está en acompañar durante el trabajo de parto, que es importantísimo. Salvando las distancias, es algo similar a lo que hacían las matronas de antes”, confesó.
Destacó los equipos que formó durante muchos años en Ipensa con pediatras, enfermeras, anestesistas y dos ginecólogos conocidos en el ámbito brandseño, como Diego Gorza y Ariel Guiglioni. Con ellos nacieron una gran cantidad de bebés oriundos de Brandsen.
Melina reconoció que ya perdió la cuenta de los partos en los que participó —años atrás ya había superado los mil— y recordó que ha estado hasta quince días seguidos de guardia.
Por otra parte, contó que muchas veces ingresa a su casa y se encuentra con los grupos de amigos de sus hijos Joaquín y Justina y ve que la mayoría, y a veces todos los que están, nacieron con ella, algo que, recalcó, la “llena de felicidad”.
También siente que falta poco para que atienda partos de los hijos de quienes nacieron con ella —hasta ahora solo le tocó el sobrino de uno de aquellos—, aunque reconoció que también decrecieron los alumbramientos.
“Se nota en el ámbito privado y público la baja de la natalidad. Tiene que ver con que muchos jóvenes no quieren ser padres, algo que respeto; otros lo postergan y también hoy se tienen menos hijos. En mi casa éramos cinco hermanos. Antes era normal una familia numerosa”, declaró.
Melina reafirmó que el control del embarazo, obviamente, lo debe hacer el médico y defendió el rol que ellos tienen en los alumbramientos: “Nosotras contenemos, acompañamos, bancamos las horas previas, que a veces son ocho, hablamos con la familia”.
“En el trabajo de parto él es primordial, me hace sentir respaldada, me hace trabajar súper tranquila. Por eso es fundamental el vínculo que se debe tener, el laburo en conjunto a llevar a cabo, porque a veces nos entendemos con la mirada. Cada nacimiento es una caja de sorpresas y no se sabe cómo va a terminar”, aseguró.
Con respecto al parto respetado, opinó que “cuando menos se interviene y más natural se da todo, siempre es mejor para el bebé y la mamá. La ley (sancionada en 2004, pero reglamentada recién en 2015) ayudó mucho en los derechos para el recién nacido, la madre y el acompañante”.
“Hoy la sala de parto tiene que tener luces cálidas, se puede poner música, el bebé debe nacer y ser llevado inmediatamente con la mamá, hacerle los controles sobre ella o separarlos lo menos posible, que esté a la vista de ella continuamente”, manifestó.
También agregó que los profesionales deben explicar cada paso que se dé y que muchas pacientes ya vienen con su plan de parto: “Antes muchos médicos decidían por ellas. Ahora la protagonista es la embarazada. Obvio que, si hay riesgo de vida para ella o el bebé, los doctores son los que tienen la última palabra”.
Hacia el final de la charla sonó de nuevo el teléfono y ella lo volvió a atender rápidamente, como lo hacía 22 años atrás, cuando comenzó. Nuevamente fue por otra cuestión, pero ella ya se había levantado de la silla por si tenía que partir.
“Cada familia después de un parto me agradece, pero yo hago lo mismo, porque para mí también es un privilegio poder acompañar en esta etapa, que me den el espacio, que depositen su confianza en mí, que me abran las puertas. Además, yo vivo cada nacimiento, me encanta”, enfatizó casi con lágrimas en los ojos.
“Es muy lindo que la gente de Brandsen te tenga en cuenta y que años después te sigan saludando por la calle, que las madres les muestren a sus hijos que yo fui su obstetra”, concluyó.
“Amo las guardias y los partos”, dejó Melina como frase final. Las palabras vertidas en esta charla no hacen otra cosa que demostrarlo y dejar más que en claro que el amor por lo que hace y su profesionalismo siguen intactos.
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