En el corazón de La Plata, frente a la Catedral Inmaculada Concepción, se está pintando el mural más grande del mundo dedicado al Papa Francisco. La obra, de casi 50 metros de alto, es realizada por el artista Martín Ron y su equipo, con impulso de la municipalidad local. Se espera que el trabajo finalice en unos veinte días.
La pintura avanza capa por capa sobre la medianera de un edificio ubicado en 14 y 54, con técnica hiperrealista. La imagen representa al pontífice sonriendo con una paloma blanca sobre una mano, símbolo de paz. Ya se completó la figura del ave y continúa el retrato de Francisco.
Como en otras obras públicas de Ron, uno de los primeros trazos fue la frase “HOLA MAMÁ”, una firma personal que con el avance de la pintura irá quedando cubierta. Desde el municipio destacaron que el mural apunta a resignificar el espacio público, generar identidad urbana y potenciar el atractivo turístico del casco histórico.
Casi al mismo tiempo, a más de 4.000 metros sobre el nivel del mar, en la Puna salteña, se realizó otro homenaje al Papa. En Abra Blanca, sobre la Ruta Nacional 51, se instaló una cruz metálica de casi cinco metros, bautizada “Cruz de la Vida”. El impulsor fue Francisco Vacazur, un ex sacerdote salteño con vínculo cercano a Jorge Bergoglio.
La cruz fue bendecida en una ceremonia íntima. “No representa la muerte, sino el inicio de una nueva vida, inspirada en el mensaje del Papa”, explicó Vacazur. El gesto busca destacar el legado de Francisco en la defensa de los más vulnerables, el cuidado del ambiente y la unidad entre los pueblos.
Ambas iniciativas, aunque distintas en forma y contexto, buscan rendir tributo al primer Papa argentino, resaltando su figura como referente global de paz, fraternidad y compromiso social. Desde La Plata al norte salteño, dos homenajes que conectan fe, arte y territorio.