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Brandsen

Nelly Buscarini, la profesora que educó a generaciones de Brandsen y todavía no piensa dejar el aula

Nelly Buscarini, la profesora que educó a generaciones de Brandsen y todavía no piensa dejar el aula 1

Como homenaje por el Día del Profesor, Detrás de la Noticia entrevistó a la querida docente local, quien dio detalles de su extensa carrera pedagógica.

Los profesores y las profesoras forman parte de ese universo trascendental en la vida de cada una de las personas, son esos seres que dejan marcada una huella imborrable.

Presentes desde la adolescencia y, para los que continúan con sus estudios superiores, en la universidad o institutos terciarios, a la mayoría se los recuerda con cariño, se los saluda con afecto cuando se los encuentra, son lamentados cuando parten.

Nelly Buscarini está dentro de ese grupo y, a pesar de estar jubilada de las escuelas públicas desde 2018 (hoy continúa en algunas aulas en el Instituto Santa Rita de Brandsen), no dejó de llevar adelante esta bandera de enseñar, de estar frente a un grupo, de escuchar a los chicos de hoy.

Detrás de la Noticia se juntó con ella para charlar sobre su extensa carrera e intercambiar palabras mientras compartía esos mates que tanto ama, en el marco del Día del Profesor, que se celebra hoy, oh casualidad, el día en que cumple 73 años.

Su relación con las letras comenzó desde muy chica de la mano de su madre, a la que recordó con mucho cariño y reconoció como su gran formadora antes de empezar la escuela: “Ella me leía cosas, me mostraba atlas. Entré conociendo las letras y números, leyendo, escribiendo mi nombre. Estaba muy presente y valoro mucho eso”.

Cursó la primaria en la Escuela N° 1 y la secundaria en la Media N° 1. Como el edificio todavía se estaba construyendo, el primer año lo hizo en un salón ubicado en el fondo del Jardín de Infantes N° 901.

Durante su adolescencia fueron naciendo sus pasiones, que la acompañaron a lo largo de una buena parte de su vida: el idioma inglés y las ciencias exactas. Nelly reconoció que incidieron mucho los formadores que pasaron por esta etapa.

“Tuvimos profesores muy exigentes, que nos marcaron muchísimo. Algunos eran ingenieros muy preparados que daban clases con un nivel casi universitario, que hablaban con conocimiento”, resaltó.

Su amor por la primera de las ciencias era tal que, a veces, iba a contraturno al laboratorio de la Escuela Técnica para charlar con sus jefes, conocer más sobre este mundo y sobre las diferentes reglas que lo rigen.

Y en lo que respecta al inglés, estudió de manera particular en Brandsen, donde, entre otras profesoras, tuvo a la histórica Susana Pasacantando, quien también la marcó para su futuro: “Fue un placer conocerla ahí. Hay que sacarse el sombrero con ella. Es una maestra. Para nosotros fue una guía, una persona estricta, pero con sabiduría para enseñar”.

Al momento de elegir qué quería ser, optó por el profesorado de Físico-Química, que en esa época se cursaba repartido entre las facultades de Ciencias Exactas y Humanidades de la Universidad Nacional de La Plata. Pero no dejó de lado el inglés, ya que asistió a talleres que se dictaban en la última casa de estudios.

Le tocó cursar en una etapa turbulenta para el país, donde los enfrentamientos políticos e ideológicos también se habían trasladado a las universidades.

Le faltaba poco para recibirse cuando quedó embarazada de su primer hijo, Fernando (tiene otro llamado Andrés), por lo que decidió dejar sus estudios. Parece una locura, pero era una época en la que la tradición marcaba que para la mujer lo primordial era encargarse del hogar.

“La familia estaba primero para nosotros. Hoy en día también, pero hay otras formas de llevarla adelante y se puede dejar a una criatura al cuidado de otros, hay guarderías, por ejemplo”, remarcó.

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Solo medio año le faltaba para obtener su título (quiso retomar la carrera más adelante, pero volvió a quedar embarazada). Sin embargo, esto no le impidió poder desarrollar su otra pasión: las clases particulares.

“Ya había empezado en mi casa cuando aún no estaba casada. Siempre me especialicé en matemática, física y química. Inglés nunca lo di porque no me parecía ético si lo dictaba en la escuela”, contó.

Su fuerte estaba en preparar alumnos que se llevaban materias del secundario a diciembre o marzo, aunque también daba clases a quienes estaban por ingresar a la facultad.

En esos meses era común el ir y venir de jóvenes con carpetas bajo sus brazos por la calle Pedro Hita del barrio La Dolly, donde vivía en ese entonces (hoy reside a pocos metros de su vivienda anterior).

“Era algo muy lindo. Les daba por grupos y muchas veces a ellos, en solo media hora, les terminaban gustando esas materias y luego estudiaban carreras afines, como, por ejemplo, quien hoy es mi médico, Sebastián Lara”, resaltó.

Nelly había armado un salón en el inmueble que su marido, Juan Herbig, usaba como depósito de su producción de miel. Tenía un gran pizarrón, que para ella fue la gran herramienta para que se entendieran los polinomios y las fórmulas de las sales, entre otras cuestiones.

“Se lo había encargado a Cacho Tidona (fallecido carpintero de Brandsen). Mi idea era que debía tener un lugar extenso para poder explicar de manera clara. Lo usé hasta que dejé de dar clases particulares y luego lo doné a la Escuela 17”, destacó.

Además, el lugar, al que se colaba ese intenso y agradable olor a miel, contaba con una mesa extensa de madera que, con el pasar de los años, se fue llenando de dedicatorias de los que pasaron por allí.

Su relación con la docencia de manera oficial se dio en los inicios del Instituto Santa Rita de Cascia: “Empecé a trabajar el 12 de marzo de 1984, el día del cumpleaños de mi mamá. Y voy a terminar acá porque es la única escuela en la que trabajo”.

Comenzó cuando aún no estaba terminado el edificio de bulevar Mitre, que hoy ocupa la escuela primaria. Daba clases entre gritos de albañiles y los ruidos clásicos de una obra en construcción.

Muchas veces le tocó ocupar el desaparecido “Salón Amarillo”, al lado de la parroquia, y rememoró las visitas que recibía del recordado sacerdote Pedro Demaestri.

“Él salía de su casa, siempre con su poncho, tocaba la puerta y pedía permiso para estar un rato. Era muy compañero y siempre tenía cosas para acotar. Tenía un vínculo muy especial con todos”, destacó.

Con el paso de los años sumó horas en otras escuelas y tuvo que dejar de lado su primer amor: las clases particulares. Sin embargo, si alguien tenía una duda para un examen o no había entendido un tema, llamaba por teléfono a Nelly y ella se lo explicaba sin ningún problema.

Dio inglés —también hizo algunas suplencias en los laboratorios— en la Escuela Media N° 1, Media N° 2 de adultos, Media N° 3 de Jeppener y el CENS. “Al trabajar en adultos tuve la satisfacción de que egresaran una mamá o abuela el mismo día que su hijo. Era algo muy emotivo”, resaltó.

Más adelante realizó la capacitación docente y tomó los cursos correspondientes para poder ser directora e inspectora. Pero nunca quiso dar ese salto: “Lo mío no era estar atrás de los papeles. Yo quería seguir con los chicos mano a mano, estar frente a ellos todos los días”.

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Su humildad, claridad e ida y vuelta con los jóvenes la llevaron a forjar una relación sin igual con sus alumnos. Tan especial es que, por ejemplo, mientras se desarrollaba esta entrevista, una de ellas le mandó por WhatsApp una foto de sus gatitos, que recientemente habían nacido.

También es común que la inviten a fiestas de 15 (semanas atrás asistió a una), donde pasa a ser una de las personas más saludadas después de la cumpleañera. Y ocurre lo mismo con las fiestas de egresados.

Algo similar sucede en el universo docente. A las amistades que cultivó durante esos años se sumó la de docentes jóvenes que fueron sus alumnos y tienen la misma edad que sus hijos.

Pero al momento de elegir, optó por dos educadores que tuvieron una amplia trayectoria por las aulas brandseñas: “Una es Liliana Zambano, a quien adoro muchísimo. Cuando empecé, ella ya estaba y fuimos compañeras hasta el año pasado. Tiene una historia de vida muy dura, pero, a pesar de sus polémicas, es una persona con valores muy altos”.

Y el otro fue Jorge Erregue, quien falleció en julio pasado y, al recordarlo, se le humedecieron los ojos: “Jorgito… Entró pocos años después que yo. Siento que aún sigue estando entre nosotros”, declaró con la voz entrecortada.

Reconoció el afecto que recibe cada vez que sale de su casa y se encuentra con alumnos y exalumnos: “Es un problema salir a la calle porque paro con todos (risas). No llego más a ninguna parte porque converso con ellos. Lo que pasa es que son parte de mi vida”.

Por otro lado, Nelly valoró los avances que se lograron con el uso de la tecnología, pero resaltó el valor de nunca perder las fuentes. “Con el celular o la compu me saco una duda, pero siempre me es poco. Por eso después agarro un libro porque necesito corroborar la información, ver imágenes. Me formé de esta manera y necesito saber un poco más, tener fundamentos”.

“Para las clases de inglés seguimos usando libros, porque tienen colores, historias y te abren puertas para seguir buscando otras cosas, para razonar. Y se trabajan temas actuales, no como antes, que eran muy tradicionales”, agregó.

Con respecto a la actualidad, manifestó que “hoy lo importante es saber romper el hielo, motivar a los alumnos en una época difícil como esta, comprometerlos porque, aunque no lo crean, los chicos de hoy tienen palabra. Y también escucharlos, porque ellos necesitan contar cosas, a veces de las buenas y otras de las malas”.

También hoy le toca tener de alumnos a hijos y nietos de sus exalumnos y señaló que, a algunos, con mirarlos a la cara le basta para saber de qué familia son: “Veo en ellos a sus padres o abuelos. Ahí una siente cómo pasaron los años, pero no deja de ser algo muy gratificante”.

“A mí me tocó recibir muchísimo. Aprendí de eso y lo sigo haciendo. Por ahora encuentro razones suficientes para continuar, más que nada porque dar clases es un motor, eso de disfrutar ver crecer a los chicos. Por eso, voy a seguir hasta donde pueda educando y cuidando de sus hijos”, sentenció sobre por qué no deja de trabajar.

Está más que claro que Nelly no piensa en el retiro definitivo porque aún siente que enseñar sigue siendo un compromiso. Tiempo para disfrutar de su nieta y de las otras cosas que le gustan tiene, pero su amor por el aula está más intacto que nunca.

 

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