El jefe de Gabinete, Guillermo Francos, salió al cruce de los rumores y fue tajante: “El Gobierno no va a devaluar el peso”. Según explicó, el monitoreo de la salida de dólares muestra que el déficit externo actual responde sobre todo a la importación de bienes de capital y no a un atraso cambiario.
Francos apuntó contra “varios sectores de la economía” que presionan para encarecer la divisa: “Si se devalúa, volvemos a la vieja historia de emitir pesos y disparar la inflación. Eso no va a pasar”, advirtió.
El funcionario defendió el esquema de libre flotación dentro de bandas: “El tipo de cambio se mueve según la oferta y la demanda”, insistió, y descartó cualquier intervención brusca que obligue a imprimir más moneda.
El mensaje se alineó con el que dio un día antes el viceministro de Economía, José Luis Daza, ante bancos internacionales: “El dólar no está planchado ni lo maneja el Banco Central; está flotando y la economía responde como esperábamos”, dijo.
Daza proyectó un “cambio gigantesco” en la balanza de pagos y auguró superávits de más de US$50.000 millones entre 2032 y 2033, apuntalados por el campo, la minería y la energía. Con ese flujo, aseguró, la fortaleza del peso vendrá por entrada de capitales y disciplina fiscal.
El viceministro también relativizó el rojo de cuenta corriente de casi US$5.200 millones en el primer trimestre de 2025: lo calificó como un 2 % del PBI en un país que “crece al 6 %” y estaba descapitalizado. “No apostaría a una depreciación para salvar un negocio; apostaría a un peso fuerte”, concluyó.