Mientras miles de manifestantes se concentraban este miércoles en Plaza de Mayo para rechazar el proyecto de reforma laboral impulsado por el Gobierno nacional, desde el Ejecutivo buscaron bajarle el tono a la protesta y minimizar su impacto político y social.
“Es un día normal. No nos interesa mucho la protesta”, deslizó un alto funcionario nacional mientras las columnas sindicales comenzaban a desplegarse frente a la Casa Rosada, en el marco de una convocatoria encabezada por la Confederación General del Trabajo (CGT) y acompañada por sectores de la oposición y organizaciones de izquierda.
El presidente Javier Milei siguió el desarrollo de la movilización desde su despacho en Casa Rosada, adonde se trasladó en horas del mediodía. Habitualmente, el mandatario permanece en la residencia de Olivos durante este tipo de protestas, pero en esta ocasión asistió a Balcarce 50 por cuestiones administrativas vinculadas a la firma de documentos oficiales.
La manifestación se desarrolló bajo un fuerte operativo de seguridad que mantuvo vallada gran parte de la Plaza de Mayo y restringidos los accesos a la sede del Gobierno. Más de 1.500 efectivos fueron desplegados en la zona, con instrucciones precisas de evitar enfrentamientos y garantizar que la protesta se desarrollara sin incidentes.
Desde el Comando Unificado de Monitoreo, la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, supervisó minuto a minuto el operativo, en lo que representó su primer gran desafío al frente de la cartera. Según se informó oficialmente, el objetivo central fue prevenir disturbios, especialmente durante el proceso de desconcentración.
Pese a la masividad de la convocatoria, en el entorno presidencial destacaron que la protesta no coincidió con una jornada de actividad legislativa, lo que —según admitieron— redujo su impacto institucional. En paralelo, el Gobierno siguió con atención la presencia de dirigentes opositores en la plaza, entre ellos el gobernador bonaerense Axel Kicillof, quien se hizo presente junto a miembros de su gabinete.
La movilización tuvo como eje central el rechazo al proyecto de “modernización” laboral elaborado por el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado, encabezado por Federico Sturzenegger, una de las iniciativas prioritarias del oficialismo, que ya enfrenta resistencias tanto en la calle como en el Congreso.
Mientras puertas adentro de la Casa Rosada se sucedían reuniones entre los principales referentes del Gabinete y del oficialismo parlamentario, el Gobierno ratificó su postura de avanzar con la reforma y dejó en claro que, al menos por ahora, no modificará su agenda frente a la presión sindical.