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Brandsen

Graciela Ferencz y una vida al servicio de la salud: “Hay que tratar al paciente como quisieras que te traten a vos”

Graciela Ferencz y una vida al servicio de la salud: “Hay que tratar al paciente como quisieras que te traten a vos” 1

En el marco del Día Internacional de la Enfermería, Detrás de la Noticia habló con una de las profesionales con más trayectoria en Brandsen sobre su vocación, sus comienzos en el hospital y el rol fundamental que hoy ocupa la enfermería

Uno, cuando piensa en la salud, en un hospital o en una urgencia, lo primero que se le viene a la cabeza es un médico, ese profesional que brega por el bienestar de los demás.

Pero existe otra persona que tiene una importancia similar, que está en el día a día con el paciente, que responde a sus constantes requerimientos y que es un nexo entre él y el doctor. Ésa es la enfermera, quien hoy se transformó en un pilar de gran trascendencia dentro del sistema de salud.

Por eso, y en el marco del Día Internacional de la Enfermería, que se celebró el pasado 12 de mayo, Detrás de la Noticia entrevistó a Graciela Ferencz, una de las profesionales con más trayectoria en Brandsen.

“La enfermería para mí es cuidar del otro. Estamos para ayudarlos, pero no solamente con lo que refiere al tratamiento, sino también en lo que se refiere a escucharlo, en darle una especie de apoyo psicológico”, destacó al principio de la charla.

Como todos los ámbitos de la ciencia, hoy esta rama de la salud avanzó muchísimo, más aún en la relación con el paciente. Antes se las sentía distantes, se las veía con “cara de malas” y se las relacionaba con esa foto colgada en las salas de espera de los hospitales en la que una de ellas exigía un silencio que parecía un sacrilegio quebrar.

“Hoy logramos una confianza similar a la que se le tiene a un médico, existe un vínculo más fuerte y, a la vez, nos transformamos en un nexo con ellos. Muchas veces nos cuentan cosas que a los doctores no”, destacó.

Graciela, desde muy chica, quiso ser enfermera, desde los 5 años. Hubo una circunstancia de la vida que la llevó a esto. Sus padres —que trabajaban en la estancia “Las Vizcacheras”, sobre la Ruta 2— la mandaron a vivir con sus abuelos en Los Hornos, partido de La Plata, para que pudiera hacer la escuela primaria. Fue al instituto “Magdalena de Canossa”, que estaba frente a la casa de ellos.

“Era sólo para mujeres. Había monjitas que daban inyecciones y yo acompañaba a mi abuela, que iba a hacerse aplicaciones por una anemia que tenía. Las miraba siempre”, mencionó.

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Una de ellas notó que le gustaba y le regaló para jugar una caja de acero con una jeringa de 2.5 y una aguja para intravenosas reutilizables, que se hervían para esterilizarlas, en una época en la que no existían los materiales descartables.

Fue un obsequio que aún guarda como un tesoro preciado.

“Tenía una muñeca que, pobre, estaba agujereada por todos lados y llena de líquido porque le aplicaba agua simulando que eran vacunas”, recordó entre risas.

Sin embargo, sus padres no quisieron que se dedicara a ello y la convencieron de iniciar el secundario en la especialidad de perito mercantil. Sólo llegó hasta 3° año —lo terminó hace unos años gracias al programa FINES—, pero luego estudió secretariado comercial en una academia de Chascomús.

Trabajó en aquel campo y, una vez instalada en Brandsen, en una panadería. Pero no dejaba de pensar en la enfermería. Las vueltas de la vida la llevaron a conseguir un puesto en la cocina del Hospital Municipal local.

Empezó el 30 de junio de 1983 y trabajaba sábados y domingos, de franquera. Y no desaprovechó la oportunidad.

“Cuando tenía un rato libre me iba a charlar con las enfermeras a internación. Ahí empecé a mirar lo que hacían y, a veces, las ayudaba”.

Eran años en los que no se estudiaba formalmente para esta profesión y se aprendía en el terreno. Graciela pidió permiso para ir entre semana ad honorem y, de esta manera, adquirió todos los conocimientos básicos.

“Un Día de la Madre me llamaron a las 12 del mediodía para hacer un reemplazo a partir de las 2 de la tarde. Dejé todo y me fui para el hospital. Y ahí empecé”, relató sobre su primera jornada formal como enfermera.

Se desempeñó en el nosocomio y en la Unidad Sanitaria del barrio Las Mandarinas. Estuvo un tiempo como jefa del área y también como coordinadora de grupo.

Destacó como sus formadoras a Julia Llanos, de quien es comadre; e Irene Gallinares, quien un día, a las 6 de la mañana, puso a su disposición uno de sus brazos para que practicara cómo se colocaba una vía intravenosa.

También recordó a la hermana de ésta, Chichita; y en vacunación a Marilú Penessi.

Paralelamente trabajó en la extinta Clínica Privada Brandsen y, de manera particular, con algunos pacientes.

Hoy, con 71 años, sigue en el ruedo y se desempeña para cuatro empresas, en una de las cuales es coordinadora local de enfermeras y cuidadores terapéuticos.

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Actualmente la enfermería es una carrera universitaria y terciaria, pero antes existían cursos para reforzar lo que se aprendía en cada centro de salud. Graciela obtuvo el título de auxiliar en la especialidad, que se dictó en Brandsen en la década del ’90.

Ella reconoció que siempre su corazón estuvo con los más chicos. Por eso buscó formarse en ello.

“Soy enfermera en neonatología y perinatología. Que me disculpen los adultos mayores, que en este momento los estoy atendiendo, pero siempre me incliné hacia los más chicos”, reconoció entre risas.

Estudió en la Cruz Roja de Lomas de Zamora, donde tuvo como profesora a Marta Marucco, quien luego se transformó en una gran formadora de enfermeras en Brandsen.

Luego se especializó en cardiología, en quemados y en enfermería comunitaria. Pero reconoce que su fuerte son las vacunas.

“Hoy sigo aprendiendo, leo material del Ministerio de Salud y me interiorizo en las actualizaciones de los protocolos”.

La relación entre los médicos y el área de enfermería siempre fue especial, como también lo es con los administrativos o los choferes de ambulancia. Es un trabajo en equipo volcado hacia la salud de las personas.

“Tengo recuerdos muy lindos, pocos malos, y mucho por agradecerles a ellos, especialmente a las pediatras, obstetras y médicos de Guardia, que me ayudaron muchísimo. De todos aprendí algo. A nosotras siempre nos decían que éramos la mano derecha de ellos, porque teníamos la primera información del paciente”, manifestó.

Reconoció una buena relación con las nuevas generaciones, en una profesión que hoy cuenta con muchos hombres en sus filas, algo impensado años atrás.

“Nos respetan mucho, como también al paciente, y tienen ganas de aprender. Es más, unas chicas que tuve a cargo iban fuera de horario, como hice yo en mi momento”.

“Siempre les digo que este trabajo hay que hacerlo con amor, con el corazón. Hay que tratar al paciente como quisieras que te traten a vos. Es lo básico y la mejor paga porque también les recalco que enfermería no es para llenarse los bolsillos”, resaltó.

Graciela se jubiló del Estado en 2022 y cada año asegura que será el último en el que trabaja.

“No hubo un día que renegara de esto, porque hice lo que más me gustaba”, finalizó con emoción y orgullo por todo lo que hizo por la salud de la gente de Brandsen durante estos años.

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