Brandsen

Carlos “Bigote” Semino: más de 40 años detrás del mostrador de uno de los kioscos más queridos de Brandsen

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Detrás de la Noticia se acercó a este tradicional comercio de Brandsen, donde charló sobre su vida detrás del mostrador y la actualidad del rubro.

El kiosquero es esa persona que siempre está, que saca del apuro a cualquiera, que tiene a mano diferentes tipos de productos y que es el comerciante preferido de los más pequeños.

Brandsen, como otras localidades, tuvo en las últimas décadas kioscos que marcaron una época. Muchos recordarán a “Mi Ranchito”, del cual todavía queda en pie su construcción cerca de la estación de ferrocarril; “Lavista”, frente al actual sanatorio; “Lo de Filo”, en diagonal a la Policía de Seguridad Vial; o el local de “Pochín” Cepeda, sobre la ruta 215, por ejemplo.

“Kioscacho”, “Tío Cholo” y “Don Bigote” son tres que siguen en pie en esta senda comercial, atendiendo al cliente como lo vienen haciendo desde hace muchos años.

Carlos Semino es el propietario del último de estos kioscos, al que la gente siente como un patrimonio de todos. Por eso, Detrás de la Noticia se acercó para charlar con él sobre su vida detrás de ese pequeño mostrador que lo separa del cliente en este comercio que hoy se encuentra sobre el bulevar Mitre.

“Don Bigote” arrancó en febrero de 1982 en un local ubicado sobre calle Alberti, frente al gimnasio del Club Atlético y Progreso, un lugar que tenía como clientes a quienes iban a tomar un café a la confitería de la institución, a practicar deportes o a los bailes los sábados por la noche. También eran habitués, entre otros, los estudiantes de la Escuela Media N.º 1.

A principios de los '90 se mudó al local de al lado y en el anterior instaló videojuegos, tan de moda en ese entonces. En 1996 se fue a la esquina de Mitre y Alberti, hasta que en 2008 se instaló donde está hoy.

“No cualquiera puede ser kiosquero, hay que tener algo especial para atender a la gente”, subrayó “Bigote” al inicio de la charla. “Acá entran personas de diferentes clases sociales y hay que respetar por igual al que viene a comprar con una monedita como al que va a gastar mucho”, recalcó.

Con 78 años y oriundo de la vecina localidad de Abasto, en el partido de La Plata, conocía Brandsen desde chico porque acompañaba a su abuela cuando ella venía de visita a lo de su sobrino, Alberto Bonadeo.

Más tarde, cuando en 1976 se casó con Nélida Inocente, se instaló acá, a la vez que continuaba con sus labores en el área de Contaduría de la textil Hilandería Olmos (la actual Mafissa, sobre avenida 44).

Luego se asoció con su amigo Humberto “Cacho” Valgolio y pusieron un bar y café sobre calle Ferrari, al lado de lo que era el edificio de Entel, hasta que más tarde dejó este comercio y abrió “Don Bigote”.

Hoy los kioscos se diversificaron, pero él sigue con los productos tradicionales, similares a los del primer día: golosinas, cigarrillos, helados, bebidas sin alcohol, regalería y artículos de librería y juguetería.

“Algunos ya parecen minimercados. Muchos me dicen que les gusta venir acá por el olor a chocolate y tabaco que se siente”, mencionó Carlos. Es verdad: apenas uno pone un pie allí, el aroma reinante lo transporta a esos comercios de años atrás.

“La gente, cuando entra acá, siente el calor de la buena atención; pasan a ser como amigos de toda la vida”, declaró, aunque reconoció que algunos prefieren la ubicación del kiosco. “Me ocurrió cuando me mudé, que muchos dejaron de venir”.

Es más, la gente muchas veces es fiel al kiosco del barrio. “Aunque parezca una paradoja, mis hijos iban al de Ángela Carrión, que estaba en Larrea casi San Martín, a media cuadra de mi casa. Ella decía que eran muy buenos clientes”, detalló como anécdota divertida.

La charla se interrumpió al ingresar un cliente que le dijo a Carlos, en broma: “Tu empleada está en mi casa”. Él respondió, con una sonrisa cómplice, que no tiene empleada. Es verdad, porque la considera parte de su familia.

Claudia Ponce —quien cuidaba a los hijos de Bigote, Hernán y Emilio— lo acompaña desde los primeros años. Le queda poco para poder acogerse a los beneficios de la jubilación, por lo que “Bigote” se replantea si va a seguir con el kiosco, algo que todavía no tiene decidido.

Nuevamente la entrevista volvió a interrumpirse al ingresar otra clienta. Carlos la saludó amablemente y, antes de que lo pidiera, le dio el atado de cigarrillos que venía a buscar. Claro, era una habitué del kiosco.

Para él es algo contradictorio, ya que es lo único que no le gusta de su trabajo, por el daño que el tabaco le hace a la salud de las personas. Pero respeta la decisión de cada uno y atiende de la misma manera a todos.

Antes de que se fuera, le regaló un caramelo, una acción que es una marca registrada de su kiosco. “Es una atención que tenemos con el cliente. Empezó hace unos años y antes lo hacíamos solo con los chicos. A ellos les encanta, pero a los más grandes también”.

En cada Mundial de fútbol, “Don Bigote” se transforma en un lugar de referencia para la compra de las ansiadas figuritas de Panini. Carlos reconoce que en esta oportunidad fue un dolor de cabeza por la gran demanda que hubo y la escasa oferta de los distribuidores.

“Siempre hubo desorganización, pero antes de cada Mundial se solucionaba. Esta vez no pasó. Además, hay otros negocios... Yo vendo el paquete a 2 mil pesos, el precio oficial, pero me enteré de que en otros lugares lo ofrecen hasta a 3.500”, resaltó.

Con respecto a los productos, destacó la amplia variedad de alfajores que existen hoy, pero reconoció también una caída general en las ventas, más que nada de los cigarrillos de primeras marcas, y la baja de la rentabilidad de muchos artículos.

Hincha acérrimo de Gimnasia y Esgrima La Plata, no pierde las esperanzas de verlo campeón. “Capaz que con este tipo de torneos se dé”. Como la mayor parte de los simpatizantes del “Lobo”, siente que el problema está en la dirigencia, algo que no le ocurre a Estudiantes, el rival de toda la vida.

Paradojas del destino, tuvo un amigo que jugó en las inferiores del “Pincha”, quien era primo de Cristina Lasta, la madre de los mellizos Barros Schelotto, con la que jugaba de chico.

Carlos ya está jubilado y, además del kiosco, forma parte del Teatro “El Viejo Rafiki”, grupo con el que se lo vio en varias oportunidades arriba del escenario mostrando sus dotes de actor. Se siente uno más de Brandsen y está más que agradecido por el cariño que siempre recibió de parte de la gente de acá.

Cada mañana, a las 7.00 (excepto los sábados, a las 7.30, y los domingos, que permanece cerrado), abre las puertas del kiosco, que cierra a las 21.00. Así pasa sus días, disfrutando del trabajo como el primer día que inauguró el local en calle Alberti.

“No te vayas. Esperá que te regalo unos caramelos”, detuvo a este cronista antes de que dejara el local.

No pudo con su genio, con esa actitud desinteresada que hace que “Bigote” sea, desde hace más de cuatro décadas, uno de los comerciantes más queridos de Brandsen.

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